Diferencia frente a desigualdad
El 20 de diciembre publicamos una entrada referente a un video que habla del racismo en México. Este video realmente nos consternó, no por desconocimiento del tema, todos los mexicanos hemos crecido con él y muchos luchamos por cambiar valores y estereotipos grabados ya en la consciencia de varias generaciones. Lo impactante de este video es ver en niños tan pequeños, asumido tal desprecio contra sí mismos. Todo esto ha reafirmado nuestra convicción y propósito de seguir trabajando para alcanzar la igualdad y nos ha llevado a seguir investigando acerca del tema.
En esta ocasión queremos presentarles nuestras observaciones sobre el libro de Jean Baker Miller, Toward a New Psychology of Women, que en el primer capítulo trata principalmente sobre cómo se construyen las relaciones de poder. Las ideas aquí expuestas están tomadas de su libro.
Según el Diccionario de la Real Academia de la lengua Española «diferencia» es una cualidad o accidente por la cual algo se distingue de otra cosa. Variedad entre cosas de la misma especie. Controversia, disensión u oposición de dos o más personas entre sí. La palabra ‘diferencia’ no implica, al menos según el diccionario ningún tipo de desigualdad.
A lo largo de la historia, tenemos ejemplos importantes de lo que unas personas hacen a otras que son diferentes a ellas a nivel personal y social. Nuestra primera pregunta es si la diferencia implica desigualdad. ¿Cómo surge la diferencia y cuáles son los mecanismos que se ponen en marcha para que se convierta en desigualdad?
Las diferencias más básicas a nivel biológico se manifiestan entre niños y adultos así como entre hombres y mujeres. Cuándo estas diferencias básicas nos ayudan a crecer y cuándo confrontarse con la diferencia da pie a las peores formas de degradación y violencia, tanto entre individuos como entre grupos.
No siempre se puede ver de forma clara que en muchas situaciones de diferencia se establecen relaciones de desigualdad de diversa naturaleza, principalmente de estatus y poder.
Existe un tipo de desigualdad que se podría llamar “temporal”, cuando un grupo “superior” posee mayores habilidades o conocimientos que debe impartir al grupo “inferior”. Este es el caso de las relaciones entre padres e hijos, maestros y alumnos, terapeutas y pacientes. El conocimiento que se imparte tiene que ver con madurez emocional, experiencia de vida, habilidades físicas, el conocimiento específico de alguna materia o habilidades para adquirir un conocimiento en específico.
En este tipo de relaciones el fin es que el grupo “superior” ayude al desarrollo del grupo “inferior” para terminar con la relación de desigualdad y transitar a una completa igualdad. El periodo de desigualdad debe ser temporal. Las relaciones establecidas pueden continuar pero deben pasar de ser una relación entre dominantes y subordinados a una relación de amigos, compañeros, incluso competidores, eliminando la existencia de un nivel “inferior” y otro “superior”. Ese es el objetivo.
En la realidad tenemos muchos problemas con este tipo de relaciones. Hemos construido instituciones que atienden a las necesidades de los llamados “superiores” y se enseña al grupo “inferior” a ser buenos “inferiores” en lugar de ayudarles en la transición para obtener la condición de iguales. Tenemos serios problemas para decidir cuántos derechos “permitir” al grupo “inferior”; cuánto poder deben tener, cuánto pueden expresar y hacer cuando su visión es diferente a la del grupo “superior”.
El problema central aquí es el poder. El poder existe y no debe negarse, pero por sí solo no contribuye a lograr el objetivo de transición de un estatus inferior a uno superior.
En este punto aparece un segundo tipo de desigualdad que convive con la de tipo temporal. Se le considera una “desigualdad permanente” y dificulta la forma en que aprendemos. Nos enseña cómo imponer la desigualdad y sus consecuencias generalmente son negadas. En las relaciones establecidas bajo este tipo de desigualdad, una persona o un grupo de personas son definidos como “desiguales”, “diferentes”, “inferiores” por características de nacimiento. El criterio puede ser la raza, el sexo, clase social, nacionalidad, religión o cualquier otra característica dada por nacimiento. En el caso de la desigualdad permanente no existe la idea de que el grupo “superior” está para ayudar al grupo “inferior” proporcionándoles conocimiento o el desarrollo de habilidades o características “deseables”. No se asume que el objetivo de la diferencia en la relación es acabar con la desigualdad, al contrario.
Una vez que un grupo ha sido definido como inferior, el grupo dominante lo considera como defectuoso o de menor calidad. Las acciones y palabras del grupo dominante tienden a ser destructivas para con los subordinados. El grupo dominante suele definir una o más tareas aceptables para los subordinados, las cuales generalmente tienen que ver con la provisión de servicios al grupo dominante y tareas que éstos no quieren realizar.
Las funciones que el grupo dominante prefiere realizar son celosamente custodiadas e inaccesibles para el grupo inferior. Generalmente se dice a los subordinados que son incapaces de ejecutar estas tareas debido a las deficiencias de nacimiento que poseen, las cuales son imposibles de cambiar o desarrollar. Llega el momento en que los subordinados creen realmente en esta incapacidad.
Se anima a los subordinados a desarrollar características que complacen y favorecen al grupo dominante: sumisión, pasividad, docilidad, dependencia, carencia de iniciativa, inhabilidad para actuar, para decidir, para pensar; características que son más comunes a los niños: debilidad, inmadurez, vulnerabilidad. Si los subordinados adoptan estas características se consideran bien adaptados. Si alguno de los subordinados desarrolla otras características se le considera anormal y no se le permite aplicar éstas habilidades en los términos en que está construida la sociedad.
El grupo dominante tiene la mayor influencia para determinar la cultura, con lo que legitima la relación de desigualdad e introduce conceptos para guiar y explicar premisas que son inevitablemente falsas como la inferioridad sexual.
Aunque en los últimos años hemos aprendido que muchas de estas premisas son falsas en todos los niveles sociales, sigue haciendo falta un análisis psicológico de las implicaciones que aún están vigentes.
Inevitablemente el grupo dominante dicta el modelo para establecer relaciones, por lo que se asume como norma tratar a otros de forma destructiva y despectiva, esconder la verdad de los que se hace y crear explicaciones falsas, además de evitar acciones hacia la desigualdad.
A muchos de nosotros no nos gusta pensar y menos creer que nosotros mismos somos cómplices de tal dominación y si nos identificamos con el grupo dominante lo “normal” es continuar con el modelo por ellos propuesto.
Es difícil reconocer que nos hemos equivocado y es mucho más fácil echar la culpa de nuestros errores a otros; pero una parte importante para crecer es reconocer nuestros errores, asumirlos e intentar modificar nuestra conducta.
En el caso de las mujeres, aún persiste la creencia de que han nacido para ser pasivas, sumisas, dóciles y secundarias. En el caso de los niños mexicanos persiste la creencia de que es mejor ser blanco ya que el color trae consigo respeto y cierta posición social.
¿Cómo educamos a nuestro hijos, a nuestros alumnos, qué palabras usamos para dirigirnos a ellos y mostrarles el mundo? Nuestras niñas siguen siendo princesas, niñas buenas que “no dan lata”; nuestros niños son los mejores si son intrépidos, nuestros alumnos son los mejores siempre y cuando guarden silencio y hagan los deberes, ¿cómo establecer límites y derechos a partir del respeto?

Este documento esta en lo cierto en estos momentos yo misma tengo que hacer frente al poder que lo protegen sus congeneres ;;inclusive el Poder Judicial ::Gracias por mostrar el camino a seguir
Mari:
No estoy segura de que estemos mostrando el camino a seguir, pero sí el camino que seguimos. Al final creo que es importante ver, darle nombre a las cosas y comunicarnos, así que gracias por tu comentario y ¡ánimo!